Axl y sus Guns N’ Roses prendieron fuego Vélez Sarsfield
Como si casi no hubiera pasado el tiempo, Axl regresó a Buenos Aires con sus Guns N’ Roses a 17 años de ese último show en River Plate que cerró aquella interminable gira de presentación del disco doble Use Your Illusion. Tras ese show comenzó ese trágico parate donde un antisocial Axl demoró tanto como fue posible la salida de Chinese Democracy. Parece más que apropiado que el tema que da nombre a ese disco sea la canción encargada de hacer realidad, allá por las once y algo de la noche, un regreso esperadísimo que desde el escenario se festejó con un show repleto de llamaradas y pirotecnia.

¿Qué cambió en todo este tiempo? Enseguida arrancó el inconfundible riff de Welcome to the Jungle para demostrar que muy poco, más allá de algunos nombres (chau Slash, Duff, Izzy, Gilby y sigue la lista; hola Tommy, Richard, Bumblefoot y resto del relleno actual). Es cierto que la voz de Axl ya no es la misma y, combinada con un sonido repleto de altibajos –a esta altura casi una marca registrada del Estadio José Amalfitani-, no tardaron en escucharse algunos cantitos de protesta entre los gunners que coparon la cabecera local de Vélez.
VIDEO: GUNS N’ ROSES EN EL ESTADIO VÉLEZ SARSFIELD
Todo lo que Axl perdió en sus cuerdas vocales lo ganó en carisma. Ya no hay lugar para esos berrinches de antaño y, si alguno tira con alguna zapatilla, pedazo de mampostería o lo que haya a mano, Axl alecciona con algún chiste (“guarda que si yerran y no me pegan a mí, pueden lastimar a alguien”) y pasa rapidito a otra cosa. Este Axl maduro no necesita calzarse la 10 de la selección ni arengar un “ar-gen-tina… ar-gen-tina”, pero tiene la cortesía de juntar del piso y leer toda bandera que le arrojan.
Axl se dio el gusto de poder presentar Chinese Democracy en vivo y el público se sacó las ganas de volver a escuchar esos clásicos como Rocket Queen, Nightrain, November Rain, Don’t Cry, You Could Be Mine o Sweet Child O’ Mine. Una lista de temas propios alcanzaba para dejar a todos contentos, pero para que nadie tenga de qué quejarse, se agregaron covers “clásicos de los Guns” como Knocking on Heaven’s Door y Whole Lotta Rosie además de algunas zapadas de David Bowie, Elton John; el tango Por una cabeza y rockeras versiones de los temas de James Bond y la Pantera Rosa (El padrino parece haberse retirado con Slash).
Para el final quedó ese mismo cierre, casi calcado, de aquellos inolvidables cuatro recitales de Guns N’ Roses en River: Axl corretea de acá para allá al ritmo de Paradise City y la cancha de Vélez tiembla con los saltos de un público que se resiste a irse antes de tiempo a pesar de ser la 1.30 de la madrugada de un martes laboral. Había que estar ahí y disfrutar de esas casi dos horas y media de “rock del de antes” para darse cuenta que bien valió esa larga espera.
Nazareno Brega









